Visitar Setu es una experiencia pensada para quienes saben disfrutar de un buen café. Varios usuarios nos lo recomendaron tras nuestro comentario sobre Café Arrau. “Tienen que ir a Setu”, nos insistieron. No pasó mucho tiempo antes de que fuéramos a descubrir qué podía ofrecernos ese reducido que -a simple vista- parecía un reducido espacio cafetero.
Pedimos un capuccino, un latte con leche descremada y un café manjarate -claramente no apto para diabéticos-. Se trató de preparaciones cuidadas, trabajadas con dedicación y pensadas por un barista que no ve el café solo como una oportunidad de negocio, sino como un verdadero estilo de vida. Se percibe un trabajo de prueba y error hasta alcanzar la mezcla precisa: equilibrio entre la intensidad del grano y la suavidad de la leche, logrando una armonía que realmente despierta el paladar.
Acompañamos la experiencia con dos medialunas que, sin extravagancias ni grandes pretensiones culinarias, cumplían perfectamente su rol: endulzar la tarde y complementar el café sin robarle protagonismo.
La amabilidad del dueño elevó aún más la visita, coronándola con la degustación de un shot de espresso exclusivo del local. Intenso, profundo y persistente: solo para quienes saben apreciar un exquisito café negro.
Quizás el único punto a considerar sea el tamaño del lugar. El espacio reducido puede dificultar la visita en grupos grandes o para conversaciones demasiado bulliciosas. Sin embargo, en cuanto al producto, poco hay que objetar: es un café hecho por y para amantes del café. Ahí reside su esencia y su brillo.
Con precios acordes al mercado, se posiciona como una excelente opción para quienes buscan un café cuidado, intenso y bien ejecutado. Es un lugar al paso, sin grandes expectativas estéticas. Aquí se dejan de lado las vitrinas rebosantes de tortas y los espacios grandilocuentes para centrarse en lo que realmente importa: el buen café.















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